Estaribeles

Una mañana de octubre nos encontramos a pie de vía. Nos conocemos desde hace unos años, quizás quince, fue una tarde fanática en Somaén. Yo iba desde Soria, él desde Madrid, todos después de trabajar. Entonces no había familia que esperara a sus padres, los churripuntos eran fáciles de conseguir.

«Escribe algo», me dice. «Sigue con el blog. Lo publicamos en Escalada Deportiva, total casi siempre estamos en Cuenca». Acepto. José Yáñez es uno de los tipos con los que coincido de forma intermitente a lo largo de los años. Este año está de moda, y no por probar Mata y Trae, como entonces, sino por publicar una nueva guía de Cuenca, con sus actualizaciones, con sus revisiones de vías y de grados, ¡ay Carmen que me quedaste de 7c+!

Al lío. Cuenca es, no hay dudas, del top 10 de mejores escuelas de escalada del mundo. Tenemos la suerte que los que lo sabemos sólo somos varios miles, que no ha traspasado las fronteras como hizo Margalef o Rodellar. Aunque empieza, casi como una pequeña inundación, a verse cada vez más gente de allende nuestras fronteras patrias.

No hay mejor manera que retomar la escalada y la economía que seguir con las analogías financieras. Hoy toca analizar los «estaribeles», es decir aquellos tenderetes precarios o instalaciones provisionales. En Extremadura dicen «bájate de ese estaribel que te vas a caer». En mi tierra, allá en Salamanca, eran construcciones precarias para llegar a sitios más altos. Ahí tomo la acepción.

En Cuenca, como en muchas escuelas de escalada, crecen a pie de vía, no importa la estación, como las setas en otoño, o las hojas de los árboles en primavera. Un día ponemos una piedra para llegar al canto que necesitamos para seguir, no es el primero de la vía, es el que nos deja de forma cómoda progresar. Algo así como Mario Draghi dotando de liquidez al sistema financiero. Luego vuelvo con él.

Al día siguiente alguien añade otra piedra, o dos. En pocos días se construyen pirámides, torres, construcciones varias. Vamos estaribeles como dios manda, que diría mi madre. Algunos son archifamosos, quién no recuerda el de Biographie en Ceusse.

Es un arte, quizás debemos establecer un criterio de calidad, un «estaribel tipo de Cuenca», como el made in Germany de los alemanes. Forman parte del paisaje, llegan a ser obras de arte, quizás deberíamos protegerlos. Eso sí, se acabó el noble arte del salto a la presa o el paso duro de salida.

La gestión de la crisis financiera se ha hecho de una forma parecida. San Mario Draghi ha creado un estaribel de tal manera que todos los países de Europa lleguen a los cantos más altos, aun cuando sólo unos pocos son capaces de hacer la vía. Cambiamos entrenamiento por liquidez y sacrificio por estaribel financiero.

No es una crítica al uso del estaribel, de hecho los uso sin rubor, me fastidia un poco cuando no están bien construidos y lamento que a algunas veces, aunque pareciera mas la Torre de Hércules, no lleguen hasta ese maldito bidedo que se me escapa por milímetros.


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