El trucu ye apretar

 

La tarde languidecía con los últimos rayos del sol iluminando la iglesia y las casas de Rodellar. Sentado a mi lado hablaban dos escaladores sobre cómo hacer un paso que se había atragantado en la vía que estaban probando. Uno le preguntaba al otro, “¿cual es el truco del paso?”. Aquí os explicaré que en la escalada, con frecuencia, se encuentran secuencias de movimientos que según cómo coloques el cuerpo, las piernas, las rodillas, los talones, u otra parte del mismo, o según cómo hagas la secuencia de movimientos de manos y pies, éste resulta más fácil o posible de hacer para el que lo prueba. El segundo escalador, asturiano de nacimiento y con el bable como primer habla, le miró sorprendido y sentenció “el trucu ye apretar”.

La traducción es simple, el truco no lo hay, lo que tienes que hacer es apretar, esforzarte, llegar al límite de tus posibilidades y sufrir, para hacerlo. En la escalada eso es apretar. Detrás están horas de entrenamiento, horas probando movimientos en vías de dificultad creciente, prepararse para encadenar la vía.

La mayoría de los escaladores prueban vías, encadenan algunas, y prueban vías más duras, denominando proyectos a esas que no se consiguen hacer y que requieren de preparación y, por supuesto, de probar repetidas veces. En el argot a esto se le llama “dar pegues”.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de los que allí estábamos. Respuesta simple a un dilema simple. Rodellar sigue siendo uno de los principales atractivos del norte de España, la mejor escuela del mundo en verano si quieres subirte por largas chorreras y pelear contra la ingravidez en sus muchos desplomes. Sigue viniendo gente de los confines del mundo, empiezan a aparecer japoneses, coreanos, además de los habitantes habituales, franceses, brasileños, argentinos. Vienen a hacer descenso de cañones, patear, escalar, disfrutar del cálido clima entre montañas.

Utilizan el camping, los albergues, el refugio, el hotel, todos con el cartel de completo en algún momento de la temporada. No ha sido ninguna empresa pública del Gobierno de Aragón la que gestiona esta actividad, al estilo de las de la nieve, no. Ha sido y está siendo la iniciativa privada, empresarios que invierten en infraestructuras, mejorar edificios y construir nuevos establecimientos, los que están aprovechando este recurso difuso que es el ocio en el tiempo libre.

Algunos de los compañeros ocasionales de cordada son los que luego están contratados en estos lugares, empresas de multiaventura o en trabajos temporales y a tiempo parcial. Llegan con la primavera, disfrutan el verano y menguan en invierno, aunque cada vez se quedan más todo el año. Círculos de interés mutuo. El truco es trabajar, conseguir un dinero para vivir haciendo lo que les gusta. El truco es trabajar e invertir en establecimientos que ofrezcan servicios a precios competitivos para que la gente se quede.

Hay una interconexión económica en este flujo de caja, como se denomina en economía. Varias partes pueden sacar mutuo beneficio, empresarios, trabajadores, escaladores, turistas ocasionales, habituales del verano. Unos invierten para conseguir beneficio, otros ofrecen mano de obra, barata en la mayoría de los casos, para conseguir el tiempo y el dinero para permanecer escalando, otros somos los que disfrutamos del lugar en un tiempo con unos servicios razonables.

Hay opiniones en contra de esta mercantilización del espacio natural, se pierde el espíritu libre de acampar y escalar donde no haya limitaciones. En estos lugares es difícil mantener este sistema, somos muchos, cada vez más, que queremos disfrutar de un entorno natural cuidado y con posibilidades. Tiene un coste que hay que soportar. No todo se reduce a beneficios y contrapartidas argumentan. Pero sí las hay en la gestión de las basuras que se producen, en el desparrame de algunos parkings descontrolados, en la ausencia de un sistema de gestión interrelacionado, en la posibilidad de alojarse, de comer o cenar.

Rodellar genera gracias a estos lugares alguno de los momentos que el escalador busca en esta vida, cenar en el Kalandraka una lasagna vegetal, tomar café en el la terraza del hotel, desayunar en el camping, rodeado de las paredes y los que vivimos por ellas, escalar una larga chorrera.

El trucu ye apretar.


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