El embrujo de Koh Tao

Mucho tiempo antes de viajar a Tailandia descubrí, gracias a Facebook, que en Koh Tao, el mejor lugar del mundo para bucear según la Lonely Planet, también se podía hacer boulder.

La página era de una escuela de buceo Ihasia Kotao, que tenía la peculiaridad de que hablaban español, catalán y euskera, así que los de estas hablas podíamos ir a un sitio dónde no fuera todo en inglés, que para esto el lenguaje técnico tiene su aquel.

Llegamos una noche desde Ton Sai, a esta isla heredera de años de prisiones asiáticas asoladas por la malaria, ahora reconquistada por los guardianes del paraíso, acogida a su jurisdicción. Caminamos hacia el sur, desde donde se ve llegar el monzón. Llegamos a la playa, en una instalación pegada a un bar tailandés, bajo unos soportales se encontraba la escuela de buceo, dos crash pads apoyados en la arena nos confirmaron que era el lugar.

“A las dos abrimos”, nos dijo el que estaba al mando a las dos y cinco, camino de una hamaca. Sin prisa nos sentamos hasta que se dio cuenta de la hora y nos indicó que nos acercáramos. “Me llaman  El Brujo”, se presentó y nos contó todo lo que ofrecía, cursos de buceo, inmersiones, alquiler de material de boulder, planos de los bloques y lo contratamos.

El potencial de la isla para hacer bloque no es lo único que quiero contaros. Un lugar para explotar, eso lo sabíamos, calor y humedad también, mosquitos y monzón. Merece la pena incluirlo en todo plan de viaje a Tailandia. Lo que quiero contaros es cómo El Brujo nos explicó su plan de empresa, cómo había creado su negocio.

Siete personas trabajando para la empresa, equipos de buceo, barcos para llevar y traer a los clientes, instalaciones donde impartir los cursos, títulación oficial reconocida internacionalmente. Haciéndose un lugar entre cientos de escuelas de buceo que hay en la isla. “Soy el manager”, me explicó, madrileño de nacimiento, ciudadano del mundo, escalador ocasional en Patones, residente en Euskadi cuando lo requirió las circunstancias económicas, “llegué a Tailandia con trescientos euros”. Sin formación económica previa descubrí a un gran empresario. “Salvamos cada mes con cuarenta clientes”, tiene calculado, ahí cubre costes, paga todos los salarios y queda algún bath de beneficio. Sin que nadie se lo explique conoce el punto de equilibrio de ventas, donde los ingresos igualan a los costes fijos más los marginales del mes.

Descubrió que ofrecer cursos en los idiomas que se hablan en la península le traería clientes, así como, que promocionar el boulder, además de ingresos por el alquiler del material algunos escaladores contratan el buceo, actividad principal de la empresa. A esto se le conoce como diversificación sobre el producto y una estrategia de marketing colateral.

No es posible montar un negocio sin un socio local, así que convenció a un tailandés de que le alquilara un local, del edificio del bar-terraza-chiringuito más apartamentos con vistas la mar, donde situarían la escuela de buceo, él traería a los clientes para bucear y se alojarían y comerían allí. Todos se benefician. Inversión baja, costes compartidos y venta cruzada a los mismos clientes. Ideas de escuela de negocios intuidas por El Brujo.

No tenía dinero para comprar las botellas de oxígeno, ni alquilar los barcos, ni todo el material necesario para el buceo. Así que buscó a otra escuela de buceo y llegó a un acuerdo con ellos, les alquilaba los equipos ociosos. Tardó en convencerle del beneficio mutuo. Los equipos que no iba a usar tenían una rentabilidad que en otro caso sería cero. Además de la amortización, es decir la depreciación y desgaste por el tiempo. Todos ganan, El Brujo entiende el dilema del prisionero, del que he hablado más veces, sin haberlo planteado.

“Si un día esto no da, lo cerramos y no dejamos nada a deber”, resumió al final. Tiene un plan de extinción de empresa. Si hay una crisis no les deja pillados las deudas. Pagan, rescinden los contratos y siguen buscando su lugar en el paraíso.

Ir a verle, bucear, blokar, comer tortilla de patatas allí, disfrutar de su charla y la de sus instructores.

“Viajo a España de tarde en tarde y me llama la atención lo que tarda en atardecer en verano”, a mí me llama la atención la inteligencia natural de este empresario, que vive en el paraíso, donde los días son iguales y reciben la noche sin atardecer, mirando a la cruz del sur.

 

Amenaza de Monzón desde la sede de El Brujo

3 comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *